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Dios no ha abandonado a su creación, ni ha olvidado sus promesas
Mensaje navideño del Obispo Presidente Mark S. Hanson

Presidente de la Federación Luterana Mundial 

 

Estimadas hermanas, estimados hermanos en nuestra comunión luterana mundial:


¿Qué es lo que llena nuestro mundo en esta época de Navidad? ¿Es tan sólo el estruendo ensordecedor de la guerra? ¿Tenemos que contener el aliento, horrorizados de antemano por la violencia que puede acaecer cada día? Son demasiadas las personas para quienes la imagen que prevalece en esta Navidad no es el nacimiento sino la muerte. La dinámica que más a menudo sigue la humanidad, es la de personas que huyen, en vez de ser la de "los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!" (Isaías 52:7).
¿A dónde tenemos que dirigir nuestra mirada para encontrar signos de esperanza? Hay personas que sugieren la economía global que se extiende crecientemente. Empero, para cada persona que se beneficia ¿cuántas son las que carecen del pan cotidiano, de un hogar adecuado y de los cuidados esenciales para su salud? La lógica absurda que parece prevalecer en nuestros días, consiste en confiar en que el poderío militar y los actos terroristas son los únicos caminos que conducen a la paz. La misma creación corre peligro por el rumbo pecaminoso que ha emprendido la humanidad.

Pero, a pesar de todo, hay buenas nuevas. Dios no ha abandonado a Su creación, ni ha olvidado Sus promesas. "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:14)
Los ángeles lo anunciaron. Los pastores regresaron al hogar glorificando y alabando a Dios por ello. Sí, toda la creación está llena de gracia y de verdad. Dios vino a la tierra para morar en Jesucristo (Emanuel) entre nosotros. Dios no nos subyuga sino que entra en nuestra humanidad para cargar con los sufrimientos del mundo. Tan profundos son la misericordia divina y el milagro del amor de Dios. Jesús el Cristo, crucificado y resucitado, es el poder de Dios hecho perfecto en la fragilidad.

Llamados por la gracia de Dios, marcados para siempre por la cruz de Cristo, se nos envía al mundo que tanto ama Dios. Allí proclamamos la paz en la tierra. Allí trabajamos en favor de la justicia. Allí damos testimonio en palabras y obras de la plenitud de la gracia y la verdad de Dios.

Que el poder del Espíritu Santo nos renueve a todas y a todos en la Federación Luterana Mundial cuando unimos nuestros esfuerzos a los de otras personas para la sanación del mundo. ¡Que el prodigio de la gracia de Dios encarnada en Jesucristo nos llene a todas y a todos de esperanza!

En la gracia de Dios,

Obispo Presidente Mark. S. Hanson
Presidente de la Federación Luterana Mundial
 

Tomado de: http://www.lutheranworld.org/Welcome.ES.html

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